pensado como cine

La república de los héroes transgénicos [Pulp]

por Diego J. Barcia C.

Piratas de Venus (1932) y Perdidos en Venus (1933), de Edgar Rice Burroughs

La serie de libros que tienen como héroe a Carson Napier, un telépata que se aventura en el peligroso mundo de Venus —bautizado como Amtor para la fantasía—, constituye la última que escribiera Edgar Rice Burroughs. Se compone de cinco libros.

No es fácil conseguir algún ejemplar en español de las tres últimas entregas (Carson de Venus, Huyendo de Venus y The Wizard of Venus respectivamente). Probablemente la edición más reciente y accesible sea la de editorial Valdemar, de principios de los años 90, que iniciara una colección interrumpida: “Weird SF”. Pero no se trata de la saga completa, sino de Piratas de Venus y Perdidos en Venus, las dos novelas iniciales. Estas pueden leerse como una única aventura (en ese orden). Ambas guardan una relación de continuidad y la segunda tiene un desenlace más o menos conclusivo, aunque evidentemente las peripecias de Carson se extienden por muchas páginas más.

Portada de una edición en inglés de "Carson of Venus"

Portada de una edición en inglés de "Carson of Venus"

La habilidad de Burroughs para contar historias es notable. Es un gran narrador (lo que los norteamericanos llaman story-teller), con un talento nato para entretener al lector. Hubiese sido un excelente guionista de Hollywood, un oficio que indirectamente ejerciera por medio de las interminables adaptaciones de Tarzán al cine. Evidentemente no es un gran escritor, ni un gran creador de personajes, aunque sí de mundos imaginarios. No obstante, en su estilo lo verdaderamente importante es la aventura. Sus argumentos son lo suficientemente buenos como para sostener varios tomos. Es un gran escapista y un mago de la trama.

Carson y la maldición del reino de los zombis rojos

Los primeros capítulos de Perdidos en Venus son el producto de un ingenio inagotable para anudar lazos en apariencia imposibles. El protagonista se halla entre la espada y la pared a cada momento, como en el ‘gancho’ de un viejo serial cinematográfico, pero Burroughs lo rescata por medio de sólidas vueltas de tuerca. El escenario es por igual de fantástico, a la vez que funciona para resolver las ecuaciones. Los objetos presentes y la disposición espacial son también variables de la acción en las que se siembran sus resultados, sin que el lector lo pueda prever.

En esta parte de Perdidos en Venus —una de las mejores o al menos más entretenidas de ambos libros—, el protagonista se ve encerrado en una fabulosa cámara de tortura de varias puertas idénticas, tras las que acecha un peligro único, y sólo una de ellas lleva a la salvación. Parece el decorado para una película, que de por sí hubiese servido, sin demasiados costos de producción, para rodar una gran secuencia de acción (como las mejores de Indiana Jones). Sin embargo, Carson puede utilizar una silla para violar los dispositivos de tortura y, además, puede volver inofensivas a las amenazas ocultas, si ingeniosamente hace que luchen entre sí.

Como en otras novelas, el mundo de Amtor sirve como pretexto para desarrollar de forma aditiva las varias luchas del protagonista, una tras una (y apilar así varios lomos). En los diferentes paisajes acechan nuevos peligros inesperados y personajes que, dependiendo de las necesidades de la trama, se convierten en ayudantes o en oponentes. Asimismo cada nación representa un estereotipo político de acuerdo a la ideología de Burroughs. Se trata de los paradigmas previos a la Segunda Guerra Mundial: el mundo democrático, la amenaza roja y el nazismo. Se pueden reconocer fácilmente en los países que pueblan Venus aunque, por supuesto, no se trata de un esquema rígido. Sin embargo, en un tirano que tiene a su servicio un ejército de muertos vivientes que terminan rebelándose contra él para ser devueltos a la tumba (fascinante), puede verse claramente una alusión al estalinismo. Y también en el hecho que en Venus exista una ciudad “idílica” que practica legalmente la eugenesia (*): se trata indudablemente de la utopía psicótica de Hitler.

Genetismo genuflexo

Havatoo, una de las ciudades de Amtor, la más perfecta y avanzada, aparece como una sociedad modelo que es el absoluto extremo del darwinismo social: se controla a la población por medio de la preservación de la herencia genética. Los individuos inadecuados son condenados a muerte. La diferencia aquí con respecto a la doctrina de la raza del nacionalsocialismo está en que lo que se quiere favorecer son las cualidades y las aptitudes y no una imaginaria pureza de la sangre. No hay aquí racismo, sino la selección natural extrapolada de la manera más cruel posible a una civilización humana.

Piratas de los mares del sur de Amtor

Piratas de los mares del sur de Amtor

Así es, el Doctor Strangelove hace su maléfica aparición y se lo puede ver sonriendo en las sombras detrás del escritorio de Burroughs, entre las penumbras de un velador y las volutas de humo gris. Un parche de pirata cubre su ojo izquierdo y su mano derecha se alza constantemente, a pesar de los esfuerzos de Peter Sellers por arreglarla con conceptos de democracia y libertad. El enano fascista salta descontroladamente y amenaza con llevarse puesta la legibilidad de la novela, que vuelve a hacerse tolerable sólo tras el escape de los héroes de esa pesadilla presentada como paraíso. Porque, debido a sus mismas leyes racistas, en esta tiranía colegiada y amable los extranjeros Carson y su novia son condenados a muerte tras un examen genético. El sabor amargo no se va del todo, pero el entretenimiento sigue.

En este fragmento que él mismo escribió en la continuación, Carson de Venus (tercera en la serie), la última oración se refiere a Havatoo:

“Venus está llena de contradicciones y paradojas. En medio de escenas de paz y belleza, uno halla las bestias más feroces; entre una población amistosa y culta, existen costumbres bárbaras e insensatas; en una ciudad habitada por hombres y mujeres inteligentemente superdotados y de afables modales, los tribunales ignoran por completo el sentimiento de la piedad.”

La edad de oro

En esta entrada del blog de io9.com, el autor hace una lista de algunos libros alternativos que los guionistas y productores de Hollywood podrían adaptar al cine en vez de recurrir a remakes de clásicos como Forbidden Planet, Videodrome o El increíble hombre menguante: “La clásica space opera original, la saga de Lensman de E. E. Doc Smith ha estado pidiendo ser trasladada a la pantalla por décadas ya. Si J. Michael Straczynski [el creador de Babylon 5] le puede extraer los desagradables componentes de eugenesia y sexismo a estos libros, podríamos estar hablando de la próxima Avatar“.

Lo mismo podría decirse de la serie de Carson Napier (incluso aquello de que está pidiendo ser filmada). Otras obras de E. E. “Doc” Smith pueden hallarse en algunos de los cuatro volúmenes pertenecientes a la colección de Hyspamerica dedicada al género, La Edad de Oro de la Ciencia Ficción. Isaac Asimov, su compilador, señala algo similar respecto a esta especie de folletín pulp norteamericano, aunque esta vez respecto a su racismo implícito. De todas maneras sería injusto extenderlo a todos los autores o incluso a todas las obras.

Perdidos en Venus

Perdidos en Venus

En estos tiempos de la década del 30, especialmente en Norteamérica (pero no sólo allí), el racismo, el sexismo y las doctrinas hoy consideradas como una mala pesadilla del pasado, como la eugenesia, son moneda corriente. Por supuesto, no es excusa para justificar la ideología de Burroughs. Éste se sale con la suya porque es muy bueno en su oficio y sabemos lo que estamos leyendo. Lo que garantiza que se puedan tragar sus volúmenes aun conociendo sus locas ideas.

Porque lo que importa en la saga de Napier —según el prologuista de las novelas, la mejor en toda su obra— son las ideas ingeniosas con las que construye los sistemas sociales de las diferentes naciones, las criaturas fabulosas y la tecnología futurista de un planeta que todavía parece inmerso social e ideológicamente en la Edad Media, y, por supuesto, la manera en que cautiva la curiosidad del lector por saber cómo se las va a arreglar el héroe anabólico para salir victorioso de tantos peligros (y quedarse con la princesa tetona al final). Hay que recordar que —chistes aparte—Burroughs fue reconocido por el mismo Bradbury como una de sus influencias, y tal vez su influjo pueda rastrearse más allá.

En suma, no deja de ser fascinante la forma en que, en fecha tan temprana, Burroughs construye un universo estructurado, aunque algo rudimentario en comparación a los procedimientos más modernos del género, que mezcla desenfadadamente la fantasía con la ciencia ficción pero, sobre todo, con la aventura que rige a ambas.

* Según el DRAE, “aplicación de las leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento de la especie humana.”

Una respuesta a “La república de los héroes transgénicos [Pulp]”

  1. Bitacoras.com dijo:

    Información Bitacoras.com…

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