Tiempos americanos [Dick]
Tiempo de Marte | Martian Time-Slip
Philip K. Dick, 1964
Arnie Kott, Miembro Honorario Supremo del Consejo de Trabajadores del Agua, detenta el poder de Lewistown, la sede de éste, uno de los primeros sindicatos del planeta Marte. Jack Bohlen es un técnico que trabaja para la compañía de reparaciones del señor Yee, y sus servicios son indispensables en este precario nuevo mundo. El administrador de la única empresa de alimentos naturales del desierto y contrabandista, Norbert Steiner, es el padre de Manfred, un niño autista.
A raíz de una nueva teoría que un psiquiatra residente le comunica a Kott, según la cual el espacio-tiempo de los esquizofrénicos difiere de su percepción tal como la entendemos en un estado de conciencia, Manfred se convierte involuntariamente en el centro de una trama de conspiraciones a instancias del plomero, quien ve en él a una especie de oráculo.
Dentro del infierno incomunicado en el que vive, el chico puede estar vislumbrando fragmentos del futuro. Así, el sindicalista tratará de utilizarlo para adelantarse a los planes de la ONU —representante de la ley en Marte— que pudieran llegar a mermar su poder en las colonias. Y con la esperanza de sonsacarle algo, ya que Manfred no habla, llamará a Jack Bohlen porque éste, en su pasada vida en la Tierra, ha sufrido brotes de locura (aparentemente inspirados en episodios vividos por el propio autor: horrendas alucinaciones de hombres que se revelan como androides, descubriendo sus vísceras mecánicas).
Philip K. Dick escribió Tiempo de Marte en 1964. Si las simplificaciones sirven de algo, la novela puede definirse como una especie de amarga alegoría sobre la colonización americana. El planeta rojo está habitado desde mucho antes de la llegada de los pioneros terrestres, y su sociedad no difiere en mucho de alguno de los pueblos sometidos históricamente por los europeos. Dick toma la leyenda científica de los canales de Marte y construye con ella el pasado esplendoroso, ya perdido, de la población nativa, a la que los nuevos habitantes se refieren como “oscuros” (bleekmen). De su civilización sólo queda este sistema de irrigación para todo el planeta. Hoy tienen una estructura tribal de cazadores-recolectores.
Pero el autor no concede mucho espacio a describirlos, porque no se trata de una temática del primer contacto. Prefiere utilizar este marco para desarrollar una idea fascinante (aparentemente, de trasfondo racionalista) sobre la posible naturaleza de la locura. En el antiguo santuario de los indígenas, Manfred puede vislumbrar mejor el futuro, porque allí el influjo del espacio-tiempo es más débil; así, la cosmovisión indígena tal vez guarde inesperados lazos con la psiquis del chico, razón por la cual todavía puede tener alguna esperanza.
“Inmediatamente después de escribir El hombre en el castillo, escribió Tiempo de Marte, un libro en el que, con mayor seriedad que Huxley al volver de sus paseítos mescalinianos, se formuló la pregunta: ¿qué significa ser psicótico?”
Así opina Emmanuel Carrère en Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, una biografía de Dick, sobre el objetivo del gran escritor en esta obra en particular. Maestro de las ambigüedades, ni al plantear el choque de culturas acata valores etnocentristas, ni moldea a los personajes de una sola pieza.
Mientras el “oscuro” Heliogábalo se sale del prejuicio racista con el que Kott pretende definirlos a todos ellos, también Manfred llega a obtener, aunque sea parcialmente, una mayor lucidez que su padre. Mientras Kott encarna la ley del más fuerte -al estilo de un villano del western- y la ONU representa la ley verdadera en medio de emplazamientos rivales de las diversas naciones, enarbolando la bandera de los derechos indígenas a los que ciertos intereses colonos se oponen, tanto el sujeto inescrupuloso puede terminar revelando una faceta humana, como la organización evidenciar que no tiene ningún reparo en tratar inhumanamente a los niños disfuncionales como Manfred.
El objetivo de mantener la apariencia de utopía a toda costa no admite a éstos. Representan un peligro para la constitución de una comunidad pretendidamente perfecta, ideal representado en la Escuela, donde enseñan autómatas a imagen y semejanza de grandes filósofos y próceres del pasado. Manfred dibuja la grieta en el mural; a través de él irrumpe la entropía, porque está condenado a ver la destrucción que deja tras de sí el futuro.
Tiempo de Marte, magnífica novela coral, es una metáfora de la colonización de Norteamérica en la que la antiutopía se construye por fuera de la tradición orwelliana pero, sobretodo, es una incisiva y lúcida reflexión sobre la locura.
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