Héroes [Comic]
El 26 de febrero del 2009 se supo que se iba a subastar un ejemplar del primer número de Action Comics. Fue la revista donde apareció por primera vez el personaje de Superman, creado por Jerome Siegel y dibujado por Joe Shuster.

Un preciado ejemplar de Action Comics #1, cuyo dueño lo compró en 1950, a los 9 años, por la friolera de 35 centavos
En ese primer número se omitieron algunas planchas de la tira, aparentemente por error, por lo que el relato apareció fragmentado en largas elipsis. Tras el éxito fulminante del personaje, se restablecieron las viñetas en su totalidad en el comic book dedicado exclusivamente a él, poco tiempo después.
Superman fue el primer superhéroe, el arquetipo de este subgénero y un ícono de la cultura popular. Se cree que se inspiró en un personaje de la novela Gladiator (1930) de Philip Wylie, un escritor prominente de entreguerras que más tarde se convertiría en un influyente ensayista de derecha. Allí imaginaba una especie de resignificación norteamericana del mito de Frankenstein, probablemente sugerida por Nietzsche. En la tira de Siegel y Shuster, este superhombre evidenciaba además un vínculo con la vieja mitología griega, porque se convertía en un sucedáneo de Heracles readaptado a los tópicos de la sci-fi.
Era el héroe de la Gran Depresión. En sus historias, muy distintas a los derroteros por lo que lo llevaran diferentes coyunturas políticas y cantidad de guionistas y dibujantes durante tres cuartos de siglo, se enfrentaba abiertamente a las figuras de autoridad: el alcalde de la ciudad que se disponía a colgar a una mujer inocente, el dueño de una mina a quien no le importaba que sus obreros muriesen por no querer invertir en su seguridad; una turba enardecida que pretendía hacer justicia por mano propia; un senador corrupto y el gángster que lo sobornaba; un traficante de armas que instigaba una guerra para llenarse los bolsillos. A todos ellos, Superman los ajusticiaba dándoles su propia medicina. El aristocráta quedaba encerrado en la mina; el traficante en el frente de su propia guerra, y así. En suma: Superman representaba el ideal de la justicia, pero actuaba por fuera de la ley. Aún no volaba por los aires. Daba enormes saltos.

La revista será mía
Es proverbial también, aunque menos conocida, la mala suerte de Siegel y Shuster con respecto a su propia invención. Para quien recuerde los títulos de crédito de las películas de la saga protagonizada por C. Reeve, el hecho tiene que ver con la inclusión de la leyenda “Superman creado por Siegel & Shuster” que todos los productos sobre el personaje deben llevar desde entonces. Se debe a una interminable demanda legal entablada por los autores a la DC, que recientemente ha inclinado su balanza hacia las herederas de Siegel, estableciendo que parte de las regalías de los films de la Warner deben ser pagadas a ellas, aunque sólo a partir de lo recaudado en los Estados Unidos.
Como era costumbre de la época, los editores, ni lentos ni perezosos, engañaron (legalmente) a los dos adolescentes para obtener los derechos intelectuales de Superman a perpetuidad, por la gran suma de… 130 dólares. No podían imaginar que el personaje tendría uno de los éxitos más grandes de toda la historia del cómic. A poco, se haría un resonante radioteatro basado en la tira, cuyo autor George Lowther pasaría a escribir la primera novela sobre el personaje; los estudios Fleischer realizarían maravillosos cortos de animación en pleno auge de la guerra; se realizarían dos seriales cinematográficos y, en poco tiempo, con la llegada de la televisión, se filmaría un largometraje clase B con George Reeves, cuyo buen recibimiento llevaría a la realización de una serie en la pequeña pantalla. Siegel y Shuster no tendrían derecho a recibir ni un solo centavo de la franquicia.

Les va a dar a los capitalistas para que tengan
Como toda mitología, el superhéroe se granjeó su propia maldición. George Reeves murió en una forma confusa, presumiblemente un suicidio, aunque no ha sido dilucidado aún hoy (es el tema de la película Hollywoodland, Allen Coulter, 2006). Christopher Reeve tuvo un accidente muy grave. Y en lo que respecta a Siegel, aunque su mala fortuna fue atenuada por la obligación legal de recibir una suma fija anual a cargo de los estudios (gracias a una cruzada de reivindicación impulsada por los colegas que sabían de la injusticia que él y su amigo sufrieron), moriría olvidado por el gran público, sin obtener un resarcimiento adecuado en vida. ¿Será una coincidencia que, a partir de su simbiosis con la televisión, el hombre volador pasara a representar el american way?
En su momento (por increíble que pueda parecer hoy) el personaje no era aceptado por las editoriales. Siegel y su amigo tuvieron que esperar alrededor de cinco años antes de poder verlo nacer en aquel número, que hoy valdrá cientos de miles de dólares. Siegel, además, tal vez más a tono con los tópicos de la ciencia-ficción de su tiempo, lo había pensado en un principio como un monstruo, el hijo pródigo de un mad doctor que planeaba apoderarse del mundo. De hecho, en la primera historia, que se titulaba The Reign of the Superman, publicada en una revista editada por él mismo (se cree que Siegel fue el artífice de la primera fanzine del género) el científico demente era tan importante aparentemente como su golem, porque era quien le daba vida. Sólo tras cavilaciones y cartas a los editores, se le ocurrió extrapolarlo en la némesis tradicional de Superman, Lex Luthor, y a él mismo hacerlo parecido al ideal de Hércules. Su slogan era, justamente: “el Campeón de los oprimidos”.
La revista original de 1938 alcanzó un precio de 317.200 dólares.
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